La copa del mundo de disputaba en tierras europeas. Participaron 16 selecciones, divididas en cuatro grupos de cuatro equipos. Los dos primeros avanzaban a la siguiente ronda.
La historia que leerán a continuación es una de las más controversiales, criticadas y discutidas a través de la historia de los mundiales.
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| Resultado final Inglaterra 4 - 2 Alemania |
Se jugaba la final de dicha copa mundial en el estadio de Wembley de la ciudad de Londrés.
Se enfrentaban las selecciones de Inglaterra y Alemania.
Fue un partido muy alternado en cuanto al dominio del balón. Las ocasiones de gol les pertenecían a ambas escuadras. Al término de los 90 minutos reglamentarios, el partido estaba con el marcador empatado, 2-2. Hay que mencionar que aquella final, fue la primera en irse a tiempo extra para definir al campeón en un torneo mundialista.
Ya en el alargue, los ingleses se iban adueñando, poco a poco, del partido. Eran los que generaban mayores ocasiones de peligro en arco alemán. Una jugada por el sector derecho del campo, que luego terminaría en el área, sería la más discutida de aquel mundial.
Geoff Hurst había anotado los goles para los ingles. No contento con eso, buscó el tercero por todos lados. Situado en el área, le llegó un balón y lo único que atinó a hacer es rematar fuerte al arco que defendía el alemán Hans Tilkowski. El balón pegó en el palo de la parte superior y rebotó en la línea del arco, fue ahí donde se generó la gran polémica, no solo por parte de los aficionados, sino también de los mismos jugadores. Incluso el árbitro principal, Gottfried Dienst, no sabía que hacer. Lo único que le quedó hacer era preguntarle al juez de línea, y lo hizo. Tuvieron una breve conversación y pasó lo que se temía, decidió que aquel balón sí había ingresado.
Se armó todo un lío en el estadio. Los hinchas alemanes no podían creer lo que estaba sucediendo.
Todos estaban más que seguros que aquella jugada no había sido gol.
Luego de varios años, Hurst (quién anotó el gol fantasma) declaró: "el balón nunca cruzó la línea". Algo para no creerlo.
Un dato curioso es que, treinta años más tarde de aquella jugada dudosa, la Universidad de Oxford concluyó que el balón se quedó a seis centímetros de sobrepasar completamente la línea de gol, por lo que el tanto nunca debió ver convalido.

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